El 8 de diciembre conmemoramos el día de la Real Cedula del Muy Noble y Muy Leal Reino de Santa Fe y Real de Minas de Guanajuato.
Ese particular día pero del año 1741 nuestra tierra y nuestros ancestros fueron elevados y reconocidos publica y jurídicamente de su verdadera dignidad:
“GUANAJUATO; y que goce de las preeminencias que por tal Ciudad, puede y debe gozar; y así mismo que sus vecinos gocen de todos los privilegios, franquezas y gracias, inmunidades y prerrogativas, de que gozan y deben gozar todos…”
Como parte de la preservación de la memoria histórica de Guanajuato y en celebración de su 282 aniversario se presenta el facsímil digital de su Título de Ciudad original. Este documento fundacional ha sido íntegramente transcrito y digitalizado por el H. Ayuntamiento de Guanajuato para favorecer su lectura y estudio, estando disponible para su consulta y descarga en el repositorio de la Biblioteca Virtual Guanajuatense.
La Fe es la virtud que da nombre e identidad a nuestro Reino. Si bien su raíz heráldica proviene de la Santa Fe de Granada, España, en virtud de la victoria de los Reyes Católicos, ello representa solo su origen histórico, no así su significado. Este último emana de la virtud teologal de la Fe en sí misma: es una virtud espiritual, no intrínsecamente religiosa, más certeramente, es el fundamento espiritual de la religión. Es en esencia, la virtud mediante cada persona vive en rectitud y plenitud, con la certeza interior de que todo estará bien, porque actúa de buena fe y en consideración del bien supremo propio, colectivo y de su entorno; misma buena fe que en reciprocidad y dignidad, representantes y gobernantes deben actuar ejemplarmente de la misma manera.
La Fe es una convicción profunda y personal en la existencia de una realidad más allá de lo material, visible y hasta de lo comprensible. Implica el reconocimiento de que hay aspectos de la vida que no pueden ser plenamente explicados mediante la razón o la evidencia empírica. Es un acto de confianza en lo invisible, en aquello que se experimenta interiormente como verdadero y significativo.
Otorga hospitalidad, consuelo, esperanza y sentido, especialmente en momentos de adversidad. Ofrece una guía en la búsqueda de la verdad y la realización personal, espiritual y colectiva. No se basa únicamente en la lógica o el razonamiento, sino que involucra una dimensión emocional y espiritual más profunda, que implica cultivar una relación con lo sagrado, con lo trascendente, y permitir que esa conexión inspire y guie nuestra forma de vivir.
Nos invita a confiar en la unidad, la fraternidad, la paz, el amor, el conocimiento y el sentido de pertenencia. Nos llama a vivir conforme a los derechos, valores y principios que sostenemos como fundamentales.
La Fe es la guardiana y garante de la identidad de Guanajuato. Es el símbolo de la posibilidad de alcanzar la iluminación y lo sublime. Pues si bien la perfección absoluta pertenece a lo divino, la perfección humana se entiende como una virtud evolutiva, siempre perfectible. En su búsqueda constante, la humanidad se dignifica. Es también fundamento de la justicia, garante de la buena voluntad y principal soporte de la sociedad del Reino. Por ella se mantiene viva en nosotros la conciencia del respeto, la consideración universal y la unidad, necesarias para un entorno libre, seguro, amistoso y justo.
l escudo heráldico es la manifestación visual del alma colectiva de una tierra habitada. El nuestro porta consigo la esencia de una verdad espiritual: la Fe como la luz que guía a las personas y la esperanza que mantiene en pie a los reinos.
El escudo heráldico es la manifestación visual del alma colectiva de una tierra habitada. El nuestro porta consigo la esencia de una verdad espiritual: la Fe como la luz que guía a las personas y la esperanza que mantiene en pie a los reinos.
La alegoría de la fe
Al centro, la alegoría de la Fe, vendada en los ojos, pues nos recuerda que la verdadera visión no es aquella que se limita a lo tangible, sino aquella que contempla más allá. Con una vestimenta de tres colores: rojo la fuerza, blanco la pureza y azul la sabiduría, ella sostiene en su mano derecha un cáliz dorado símbolo de la unión entre el cielo y la tierra y entre el misterio y la revelación.
El campo de oro
La Fe se encuentra sobre un campo de oro, no es únicamente una alusión a la abundancia del oro y la riqueza minera, es una declaración visual de excelencia y dignidad histórica, otorgada por la Corona como reconocimiento solemne de una ciudad que encarnaba los valores más altos del imperio: riqueza, fe, fidelidad, esplendor y virtud.
En su mano izquierda, una cruz se alza como testimonio del sacrificio y la redención, símbolo de unión y justo equilibrio entre la virtud y las pasiones, mientras que la palma verde, símbolo de victoria espiritual, proclama que la Fe siempre triunfa, incluso sobre la muerte. La venda que cubre sus ojos no pretende advertir ceguera, sino más bien de una profunda visión interior y certera convicción, aquellas que no dependen de las luces del mundo, sino de la claridad del espíritu.
La Corona
Coronada con piedras que representan el ciclo eterno y la aspiración del alma, la ciudad se presenta como un misterio en constante transfiguración, como obra no terminada, pero con un salto de madurez y evolución. Las gemas redondas recuerdan el esplendor eterno de la verdad; las romboidales, la noble inquietud de quien asciende por el camino de la virtud. Los rubíes y esmeraldas incrustados no están allí por simple vanidad o simple ostentación: son las joyas del conocimiento, la justicia y la misericordia.
La corona se conforma por florones de acanto que evocan ideas de belleza civilizatoria, orden y elevación; susurra la belleza que nace de la adversidad. Por un lado, es el máximo símbolo de representación institucional del Reino proveniente del pueblo y proyectado hacia lo sublime, símbolo del ejercicio en el marco de la constitución y los principios más transcendentales e inmutables, y por otro lado, más allá del sistema de Estado al que hace alusión, es el mensaje de una ciudad libre, ordenada y culta.
En la parte superior, partiendo de los florones, salen columnas doradas con perlas que se conectan todas con el globo crucífero. Esto simboliza que la energía superior se capta mediante el globo crucífero y desciende por las columnas, transmutándose a su paso a través de las perlas. Baja y conecta con los florones, los cuales, por su naturaleza, expanden la energía; se complementa con las propiedades de las joyas, para al final conectar con toda la base de la corona y dotar, a quien la porte, de dichas bondades y gracias provenientes del Todo.
Los lambrequines
Los lambrequines que caen a los lados, son también hojas de acanto en colores de fuego, sabiduría y nobleza, se despliegan como alas simbólicas extendidas en gesto de resguardo y dignificación, como las alas de una protección espiritual y simbólica proveída por la naturaleza. Son la ofrenda de la naturaleza a una ciudad que ha sido noble y fiel a su tierra y a su destino.
La base
Debajo del escudo, una concha sostenida por dos ramos de laurel enlazados por una cinta azul simboliza el nacimiento, la victoria y la eternidad. La cinta azul envuelve al laurel dos veces en cada extremo, resultando en el número cuatro, valor atribuido a la materia y a las sólidas estructuras, así envueltas y unidas con el triunfo. La cinta azul también es el símbolo del cinturón del iniciado, otorgado como la distinguible señal de que quien lo porta ha pasado por las pruebas del tiempo y ha conservado su esencia y espíritu. Estos laureles emblemas de triunfo, descansan sobre una sólida repisa de mármol originario del reino, decorados con finos adornos en oro, una base que representa la estabilidad, la solidez y riqueza; riqueza natural, material y cultural.
El descanso central revela un piso de tesela de mármol con dibujos romanos, una alusión a la tradición clásica y la sabiduría antigua, mientras que el lambrín del frente, hecho de los mismos materiales, otorga continuidad a esta visión de grandeza y permanencia a través del tiempo y las circunstancias. La base en su centro tiene el símbolo del castillo, que en las ciencias heráldicas y los saberes arcanos es la representación de una ciudad fortificada, en este caso fortificada por la virtud de la fe. Fortificada y protegida, pero con las puertas abiertas que dan acceso y bienvenida a los foráneos en su búsqueda de experiencias y conocimientos. El símbolo se mantiene invertido a la luz de ser una ciudad sólida, anclada a la tierra.

